Polémica en el ascenso: Chicago cortó la racha pero Quilmes estalló por un gol que parecía legítimo
El Torito se impuso en una jornada clave del ascenso, pero el tanto que abrió el marcador generó un escándalo en el lado cervecero. Desde Mataderos analizamos lo que dejó este cruce caliente.
Nueva Chicago ganó, cortó una racha negativa que venía pesando como una mochila llena de ladrillos y, de yapa, dejó a Quilmes con la bronca atragantada. Pero el partido no se va a recordar solo por los tres puntos: el gol que abrió el marcador desató una polémica que todavía retumba en las redes y en las charlas de barrio.
Desde la tribuna de Mataderos se vio claro: el tanto fue legal. Sin embargo, todo el banco y la hinchada visitante se vinieron abajo protestando como si les hubieran robado el partido. Esa reacción no sorprende cuando la ansiedad del ascenso aprieta, pero sí obliga a pensar en cómo se están manejando estas situaciones en la categoría.
El Torito necesitaba este triunfo para oxigenar la tabla y, sobre todo, para recuperar confianza. Veníamos de partidos donde el equipo generaba pero no concretaba, donde la ansiedad jugaba en contra. El gol en cuestión llegó en un momento clave, justo cuando Quilmes empezaba a dominar la pelota. Que haya sido legítimo, según lo que se vio desde nuestra platea, habla de una jugada limpia que el árbitro y sus asistentes validaron correctamente.
Lo que sigue es lo de siempre en estos casos: reclamos, videos virales, acusaciones cruzadas. Desde el lado de Quilmes se habla de offside milimétrico o de falta previa. Desde Mataderos, en cambio, se respira alivio porque el equipo volvió a sumar de a tres y porque la cantera sigue respondiendo cuando la primera lo necesita. Esa es la verdadera fortaleza del club: el pibe que sale del barrio y agarra la camiseta con ganas.
La hinchada de Chicago, como siempre, acompañó de principio a fin. El trapo del abuelo flameando en la popular, los cantitos que no aflojan ni cuando el partido se pone feo. Esa mística es la que sostiene al club más allá de los resultados. Quilmes también tiene su historia y su gente, pero en esta oportunidad la bronca les ganó de mano y opacó un poco lo que había sido un buen partido hasta ese momento.
Hay que decirlo con la mano en el corazón: en el ascenso estas polémicas se repiten más de lo que deberían. Falta tecnología, falta criterio unificado, falta que los árbitros puedan explicar en caliente por qué validan o anulan. Mientras tanto, los equipos siguen jugando con la presión extra de no saber si el gol que acaban de hacer va a valer o no.
Para el Torito este triunfo tiene sabor especial. No solo porque corta la racha, sino porque llega en un tramo de la temporada donde cada punto vale doble. La cantera sigue siendo la gran promesa: varios pibes que vienen empujando desde abajo demostraron que están para quedarse. Eso es lo que más ilusiona de cara a lo que viene.
Ahora el foco tiene que estar en el próximo partido. La previa ya se siente en el barrio. Se habla de cómo mantener la intensidad, de no dormirse en los laureles de una victoria polémica y de seguir confiando en el proceso. Porque en Chicago las cosas se construyen con paciencia, con aguante y con la convicción de que el verde y negro siempre termina respondiendo.
La rivalidad con Quilmes tiene historia, tiene condimento cultural. No es solo un partido más. Por eso duele cuando se ensucia con reclamos que, desde nuestra perspectiva, no tienen fundamento. El fútbol de ascenso ya es lo suficientemente duro como para agregarle controversias artificiales.
Desde la tribuna de Mataderos seguimos creyendo que el verdadero espíritu del club está en la cancha y en la popular. El resto, las polémicas arbitrales, las protestas rivales, son ruido que hay que dejar pasar. Lo importante es que el Torito ganó, que la hinchada se va contenta y que la cantera sigue dando señales de que el futuro del barrio está asegurado.