Aníbal Biggeri y su huella en Nueva Chicago: el DT que siempre sacó los equipos adelante
El entrenador que dirigió al Torito en dos ciclos diferentes repasa su paso por Mataderos, donde logró mantener al club en Primera Nacional en circunstancias complejas. Osvaldo Aguirre reconstruye su legado desde la memoria torera.
El técnico Aníbal Biggeri dejó una marca concreta en la historia reciente de Nueva Chicago. En sus dos pasos por el club, uno entre 2017 y 2018 y otro en 2021, asumió en contextos delicados y cumplió el objetivo central: mantener al Torito en la categoría.
Nacido en la ciudad de Buenos Aires y con trayectoria en el ascenso, Biggeri llegó a Mataderos por primera vez en un momento de transición tras el descenso de 2016. El equipo venía de una temporada irregular y el desafío era estabilizar el plantel en la Primera Nacional. Según los registros de la época, el DT logró ordenar el equipo y evitar el riesgo de un nuevo descenso, algo que en el barrio siempre se valora como un logro silencioso pero fundamental.
Su segundo ciclo, iniciado en 2021, se dio en otra situación complicada. El club atravesaba una racha negativa y el técnico aceptó el cargo con la premisa de reconstruir desde la defensa y la solidez colectiva. Nuevamente, el saldo fue positivo: Nueva Chicago terminó la temporada sin pasar sobresaltos en la tabla de promedios. "Siempre pude sacar los equipos adelante", declaró Biggeri en una entrevista reciente con Mundo Ascenso, frase que resume su enfoque pragmático y su capacidad para trabajar bajo presión.
Desde la vereda de la memoria torera, esos dos períodos se recuerdan con respeto. No fueron campañas que dejaron títulos ni ascensos, pero sí temporadas donde el club mantuvo su lugar en el fútbol de ascenso sin perder la identidad barrial. En Mataderos, donde la historia se mide también por la permanencia y el arraigo, estos ciclos tienen su peso.
Biggeri se formó como ayudante de campo de varios técnicos y luego dio el salto a entrenador principal. Pasó por clubes como Defensores de Belgrano, Atlanta y Deportivo Riestra antes de recalar en Nueva Chicago. En cada caso, su perfil fue el de un DT ordenado, con énfasis en el trabajo táctico y la motivación de grupos que llegaban golpeados. En el Torito, esa característica encajó con la cultura del club, forjada en los corrales y los frigoríficos del barrio.
Hoy, con la distancia que dan los años, los socios que lo vieron trabajar destacan su capacidad para dialogar con los jugadores y su honestidad a la hora de evaluar el plantel. No prometía milagros ni resultados espectaculares; proponía un camino concreto y lo recorría con paciencia. Esa actitud caló hondo en un vestuario que, como la hinchada, valora más la constancia que los fuegos artificiales.
En la historia institucional de Nueva Chicago, los entrenadores que lograron sostener al equipo en momentos de zozobra ocupan un lugar especial, junto a los que consiguieron ascensos o campeonatos. Biggeri forma parte de esa lista silenciosa. Su paso por el estadio de la calle Tellier y por el verde y negro dejó enseñanzas que todavía se mencionan en las charlas de café entre hinchas de toda la vida.
Desde la fundación del club en 1911 por inmigrantes y trabajadores del matadero, Nueva Chicago aprendió a resistir. Los ciclos de Biggeri se inscriben en esa tradición: no fueron los más brillantes, pero sí los necesarios para seguir adelante. En un ascenso donde cada punto vale doble en la tabla de promedios, su contribución sigue siendo recordada con gratitud en Mataderos.