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El regreso de la hinchada visitante al Centenario: Quilmes y Nueva Chicago empataron sin goles

En un partido cargado de emoción por el retorno del público de Nueva Chicago al estadio Centenario, el Cervecero y el Torito igualaron 0-0. Un hecho histórico para el barrio de Mataderos que marca un paso importante en la cultura futbolera.

Publicado el 16 de julio de 2026, 11:00 hs

El pasado fin de semana, el estadio Centenario de Quilmes volvió a recibir público visitante después de varios años de restricciones. Nueva Chicago, el club de Mataderos, fue el protagonista de ese regreso al disputar un partido clave ante el local, Quilmes, que terminó en un empate sin goles.

El 0-0 reflejó un encuentro equilibrado, con intensidad pero sin la definición necesaria en las áreas. Para los hinchas del Torito, sin embargo, el resultado pasó a segundo plano. Lo central fue poder estar otra vez en una cancha ajena, cantando y apoyando al equipo como se hace desde siempre en el barrio.

Desde la fundación del club en 1911 por inmigrantes italianos y trabajadores de los frigoríficos y corrales de Mataderos, Nueva Chicago llevó su verde y negro con orgullo barrial. Volver al Centenario no era solo un partido más: representaba el reencuentro con una tradición que incluye años de acompañamiento en condiciones muchas veces adversas.

"Para los socios de toda la vida, esto es volver a lo que siempre fue el fútbol", comentaban en las inmediaciones del estadio hinchas que viajaron desde Mataderos. El dato concreto es que, tras una larga ausencia, las tribunas visitantes del Centenario volvieron a teñirse de verde y negro, algo que la memoria torera registra como un hecho significativo.

El partido en sí tuvo momentos de dominio alternado. Quilmes, con su habitual presión en el mediocampo, buscó los costados para generar peligro, mientras Nueva Chicago se plantó sólido atrás y salió de contra en varias ocasiones. Ninguno logró romper el cero, pero ambos equipos sumaron un punto que, en el contexto de la categoría, mantiene las expectativas abiertas.

Desde la perspectiva histórica, este retorno del público visitante al Centenario se suma a otras efemérides que Nueva Chicago ha vivido a lo largo de sus más de 110 años. El estadio de Quilmes, con su impronta de barrio obrero similar a Mataderos, fue testigo de un cruce que trasciende la tabla de posiciones y toca la identidad misma de los clubes.

Para la hinchada del Torito, el viaje a Quilmes tuvo sabor a revancha emocional. Muchos recordaban las últimas visitas antes de las prohibiciones, cuando el Centenario era un destino complicado pero siempre respetado. Hoy, con el público de vuelta, se recupera algo de esa mística que hace al fútbol argentino distinto.

El empate sin goles deja sensaciones encontradas en el análisis técnico, pero en Mataderos predomina la satisfacción por haber estado presentes. Nueva Chicago sigue escribiendo su historia con los mismos códigos de siempre: aguante, barrio y memoria. El Centenario, por su parte, recuperó parte de su atmósfera completa.

Este tipo de hitos, más allá de los tres puntos, son los que quedan grabados en la memoria colectiva de la hinchada. Porque el fútbol de verdad se vive en la cancha, con la gente adentro, cantando desde el minuto uno hasta el pitazo final.

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