Historia

Nueva Chicago cumple 108 años: la identidad torera que nació en Mataderos

El 1 de julio de 1916 un grupo de inmigrantes y trabajadores del barrio fundó el Club Atlético Nueva Chicago. Hoy, más de un siglo después, el verde y negro sigue siendo el emblema de Mataderos y su memoria obrera.

Publicado el 15 de julio de 2026, 10:40 hs

El próximo 1 de julio el Club Atlético Nueva Chicago cumplirá 108 años de vida. Nacido en el corazón de Mataderos, el Torito representa mucho más que una institución deportiva: encarna la historia de un barrio construido por inmigrantes, matarifes y obreros de los frigoríficos que supieron armar una identidad propia.

En 1916, un puñado de vecinos del barrio decidió darle forma legal a una pasión que ya se vivía en potreros y calles de tierra. Aquel día se fundó oficialmente el club en una casa de la calle Carlos Calvo al 4800, a pocas cuadras de los antiguos corrales. El nombre elegido, Nueva Chicago, no fue casualidad: recordaba a los grandes mataderos de la ciudad norteamericana y reflejaba el pulso industrial que dominaba Mataderos por entonces.

Desde sus inicios, el club se vinculó estrechamente con la vida cotidiana del barrio. Los primeros socios eran trabajadores de los frigoríficos Armour y Swift, carreros, troperos y familias que veían en el fútbol un espacio de encuentro y orgullo barrial. El verde y el negro de su camiseta surgieron de esa mezcla de identidades: el verde por la esperanza y el negro por el rigor del trabajo en los corrales.

Con el paso de las décadas, Nueva Chicago se convirtió en uno de los símbolos más fuertes de la identidad mataderense. El estadio de la calle Jonte, conocido popularmente como “El Pibe”, fue testigo de innumerables tardes de pasión. Allí la hinchada torera forjó un estilo propio, ruidoso y leal, que acompaña al equipo tanto en las buenas como en las difíciles transiciones entre Primera y la B Nacional.

Osvaldo “Cholo” López, histórico hincha y socio desde los años 50, suele recordar en charlas de café cómo el club era punto de reunión después de la jornada en el matadero. “El verde y negro era lo único que nos unía después de partir reses todo el día”, comentaba en una de las tantas conversaciones que permiten reconstruir la memoria oral del barrio.

A lo largo de su historia, el club supo formar jugadores que dejaron huella y vivió momentos épicos como el ascenso de 1981 o la recordada campaña del Nacional de 1977. Sin embargo, más allá de los logros deportivos, lo que define a Nueva Chicago es su arraigo territorial. El club nunca se mudó de Mataderos y eso lo diferencia de muchas otras instituciones que terminaron alejadas de su origen barrial.

Hoy, a 108 años de su fundación, el Torito sigue siendo patrimonio vivo de Mataderos. Las divisiones inferiores continúan formando chicos del barrio, la hinchada mantiene vivo el aguante en cada partido y los viejos socios siguen reuniéndose para contar anécdotas de cuando la cancha todavía tenía tablones de madera y el asado se cocinaba en los mismos corrales que hoy son solo recuerdo.

El 1 de julio no es solo una fecha en el calendario. Para miles de vecinos de Mataderos es el día en que se celebra la resistencia de una identidad que se niega a desaparecer entre el cemento y el olvido. El verde y negro sigue ondeando, como lo hizo desde aquel lejano 1916, en las tribunas y en las calles que rodean lo que alguna vez fueron los grandes frigoríficos de Buenos Aires.

← Volver al blog