Historia de los ascensos y descensos de Nueva Chicago en la Primera Nacional
Repaso de los momentos clave en los que el Torito subió o bajó de categoría en la segunda división del fútbol argentino, con foco en los hitos que marcaron la identidad del club de Mataderos.
Nueva Chicago es, por encima de todo, un club de Mataderos que aprendió a convivir con los ascensos y descensos como parte de su propia historia barrial. Desde su fundación en 1911 por inmigrantes italianos y españoles en los corrales del viejo matadero, el Torito acumuló una trayectoria en la que las idas y vueltas entre categorías se convirtieron en un sello de resiliencia.
El primer ascenso relevante a Primera División llegó en 1936, cuando el equipo dirigido por un joven José Manuel Moreno se impuso en el campeonato de la entonces Segunda División. Aquel logro permitió al club debutar en la máxima categoría en 1937, aunque la permanencia duró poco. En 1940 descendió nuevamente, iniciando un largo período en las divisiones inferiores que se extendería por décadas.
Recién en 1975 el club volvió a saborear el ascenso. Bajo la conducción técnica de José Yudica, Nueva Chicago logró el título de la Primera B y regresó a Primera. Esa temporada quedaría grabada en la memoria colectiva del barrio por la garra mostrada en un torneo duro y competitivo.
El descenso de 1981 marcó el comienzo de una de las épocas más difíciles. El club transitó por la B y la C durante varios años, hasta que en 1991 consiguió un nuevo ascenso a la Primera B tras ganar un reducido. Sin embargo, la inestabilidad institucional y los problemas económicos impidieron consolidar el proyecto.
Uno de los hitos más recordados por los hinchas de más de cincuenta años ocurrió en 2001. Con un plantel modesto pero solidario, Nueva Chicago se coronó campeón de la B Nacional bajo la dirección de Osvaldo Ingrao. El 8 de diciembre de ese año, el Torito venció a Arsenal en la última fecha y ascendió a Primera División. Aquel equipo, con figuras como Alejandro “El Chino” Gancedo, Marcelo “El Chino” Fabián y el goleador Rubén Capria en sus filas, representó la esperanza de un Mataderos que volvía a ilusionarse.
La permanencia en Primera fue breve. En 2004 el club descendió otra vez a la B Nacional, iniciando un nuevo ciclo de altibajos. En 2006 volvió a ascender tras ganar un torneo reducido, pero en 2007 cayó nuevamente. Esa sucesión de ascensos y descensos inmediatos generó en la hinchada una mezcla de bronca y orgullo: el Torito nunca se resignaba.
El ascenso más reciente a Primera se produjo en 2014. Esa temporada, con un plantel experimentado y el apoyo inquebrantable de la hinchada de Mataderos, Chicago se impuso en el Reducido y regresó a la elite del fútbol argentino. El partido clave ante Ferro en el estadio de Caballito todavía se recuerda en los cafés de Larrayol y en las veredas de la calle Carlos Calvo.
Desde entonces, el club ha transitado mayoritariamente por la Primera Nacional, con algunos intentos de volver a Primera que no prosperaron. En 2021 y 2022 estuvo cerca de pelear los puestos de ascenso, aunque las definiciones le fueron esquivas. La dirigencia actual, junto con el cuerpo técnico y los jugadores, sabe que el desafío pasa por construir una estructura que permita romper la maldición de los ascensos fugaces.
Para los socios y vecinos de Mataderos, cada ascenso representa mucho más que un cambio de categoría. Es la reivindicación del barrio obrero, de los frigoríficos que ya no existen, de los corrales que dieron origen al club y de una identidad verde y negra que resiste el paso del tiempo. Los descensos, por su parte, nunca fueron vistos como tragedias definitivas, sino como pausas necesarias para volver a armar el equipo desde abajo.
En los próximos años, cuando se hable de la Primera Nacional 2026 y de las chances de los equipos del ascenso, los hinchas de Nueva Chicago mirarán la tabla con la sabiduría que da la experiencia. Saben que el fútbol de segunda es duro, que los arbitrajes suelen ser hostiles y que el presupuesto siempre es menor. Pero también saben que el Torito tiene una hinchada que no abandona, un barrio que lo sostiene y una historia que se escribe partido a partido, ascenso tras ascenso, descenso tras descenso.
Esa es, en definitiva, la verdadera tabla de posiciones que importa en Mataderos: la que mide la lealtad, la memoria y la capacidad de volver a levantarse.