Nueva Chicago empató sin goles ante Atlético Rafaela y sigue sin poder ganar en casa
El Torito sumó un punto en Mataderos ante Rafaela en un partido chato donde faltó claridad en ataque. La hinchada se fue con bronca por la falta de ideas y la ansiedad crece en la previa de la próxima fecha.
Nueva Chicago no pudo romper el cero ante Atlético Rafaela y se tuvo que conformar con un empate 0-0 en lo que fue el partido de la cuarta fecha de la Primera B Nacional. El equipo de Mataderos mostró garra en algunos pasajes pero le faltó profundidad y claridad en los últimos metros, algo que ya se viene repitiendo y que empieza a generar preocupación entre la gente.
Desde el vamos se notó que el partido iba a ser cerrado. Rafaela se plantó bien atrás, cerró los espacios y esperó el error nuestro. El Torito tuvo la pelota la mayor parte del tiempo, pero esa posesión no se tradujo en situaciones claras de gol. Un par de remates de media distancia y algunos centros que no encontraron destino fueron lo más peligroso que pudimos generar en el primer tiempo. La hinchada, que llenó la popular como siempre, empujó desde el minuto uno, pero se fue apagando a medida que pasaban los minutos sin ver reacción.
En el segundo tiempo la cosa no cambió demasiado. Entraron algunos pibes de la cantera buscando frescura, pero el equipo siguió luciendo espeso. La ansiedad se palpaba en la tribuna y también se veía en la cancha: apurábamos las jugadas, perdíamos rápido la pelota y no lográbamos hilvanar tres pases seguidos en campo rival. Rafaela casi no nos inquietó, pero nosotros tampoco supimos aprovecharlo. Al final, el punto sabe a poco y deja más preguntas que respuestas.
Lo que más preocupa es la falta de ideas en ataque. Hace varias fechas que el equipo genera poco y eso se nota en la tabla y en el ánimo de la gente. La cantera sigue siendo la gran esperanza: varios juveniles entraron y dejaron chispazos, pero todavía les falta ese rodaje que solo se consigue jugando seguido. La dirigencia y el cuerpo técnico saben que la paciencia de la hinchada tiene un límite, sobre todo cuando se juega en Mataderos y no se puede ganar.
La rivalidad cultural con Rafaela no es de las más fuertes, pero igual la tribuna se hizo sentir. El trapo verde y negro flameó toda la tarde y el cantito no paró ni cuando el partido se puso aburrido. Esa es la esencia del barrio: estar siempre, bancar en las buenas y en las malas. Ahora hay que mirar para adelante rápido, porque la Primera Nacional no perdona y cada fecha que pasa sin sumar de a tres se siente más pesada.
Queda la sensación de que este equipo tiene con qué, pero le falta ese click que lo haga más vertical y audaz. La previa del próximo partido ya se vive con expectativa mezclada con ansiedad. La hinchada quiere ver al Torito con más hambre, con más llegada y, sobre todo, con esa garra torera que siempre nos caracterizó. Porque si algo sabemos en Mataderos es que el aguante nunca se negocia, pero los puntos tampoco se regalan.