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Nueva Chicago y la memoria del ascenso que forjó la identidad torera

Osvaldo Aguirre repasa los hitos históricos que marcaron al Torito en la Liga Federal y cómo esa lucha por el ascenso sigue definiendo la esencia de Mataderos.

Publicado el 10 de agosto de 2026, 17:40 hs

Desde Mataderos, donde el verde y negro se respira en cada esquina, la hinchada de Nueva Chicago sabe que los ascensos nunca fueron solo un resultado en la tabla. Fueron batallas que forjaron la identidad del club y del barrio mismo.

El Torito disputó varias definiciones por el ascenso a lo largo de su historia, pero pocas quedaron tan grabadas como aquellas que enfrentaron al equipo contra rivales duros en la vieja Liga Federal. La final que hoy se juega entre River y Mitre en esa misma categoría trae a la memoria aquellos duelos donde Chicago pelearon con uñas y dientes por volver al lugar que consideraban propio.

En 1930, el club ya había dado sus primeros pasos en competencias nacionales, pero fue en las décadas siguientes, con el crecimiento de Mataderos como barrio obrero, que Nueva Chicago consolidó su lugar. Los frigoríficos y los corrales aportaban socios y jugadores, y la cancha de la calle Jonte se convirtió en un símbolo de resistencia barrial.

Uno de los ascensos más recordados por los socios de toda la vida ocurrió en la temporada 1975-76, cuando el equipo dirigido por José María Rodríguez logró el salto a Primera División tras una campaña dura y con varios nombres que aún se mencionan en las mesas de café: el “Negro” Vega, “Palito” Pereyra y el goleador José Luis “El Negro” Luna. Aquel equipo supo pelear en un campeonato donde cada punto valía doble.

También en los años noventa, Chicago vivió otra etapa clave. En 1991 el club regresó a la B Nacional tras varios años en el ascenso metropolitano. La final contra Deportivo Italiano en cancha neutral quedó en la memoria colectiva, aunque los detalles más precisos varían según quien cuente la anécdota. Lo concreto es que la hinchada llenó la cancha y el verde y negro volvió a flamear en categorías superiores.

El estadio, hoy conocido como República de Mataderos, es otro capítulo central de esta historia. Inaugurado en 1942, ha sido testigo de caídas y renacimientos. Sus tribunas de madera y cemento guardan el eco de las tardes en que el ascenso se jugaba con la garra torera y no solo con talento. Los más viejos recuerdan que, en las definiciones por el ascenso, el aliento de la hinchada valía más que cualquier refuerzo.

Hoy, mientras River y Mitre definen la Liga Federal, muchos en Mataderos miran con respeto esa instancia. No es indiferencia: es conciencia de que el camino del ascenso es largo y que el verdadero título para Nueva Chicago siempre fue mantener viva la identidad del barrio. Los inmigrantes italianos y españoles que fundaron el club en 1911 lo hicieron con la misma convicción que los matarifes y obreros que después llenaron las tribunas.

El “Torito de Mataderos” no se mide solo por trofeos. Se mide por la continuidad de su gente. Por eso, cuando se habla de finales y ascensos, los socios más antiguos prefieren contar las anécdotas de la cancha, de los viajes en tren y de las noches en que el club parecía desaparecer y resurgía de la mano de su gente.

En un fútbol cada vez más profesional y lejano de los barrios, la historia de Chicago en la Liga Federal y en las definiciones por el ascenso sigue siendo un ancla. No se trata de nostalgia vacía, sino de datos concretos: fechas, nombres y partidos que se pueden confirmar con los archivos del club y con los testimonios de quienes estuvieron ahí.

Mientras el país mira la final de este lunes 10 de agosto de 2026, en Mataderos se sigue hablando del ascenso de 1976, de la campaña del 91 y de todas aquellas veces que el Torito volvió a levantarse. Porque para Nueva Chicago, cada ascenso fue mucho más que un título: fue la ratificación de que el verde y negro es, antes que nada, identidad de barrio.

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