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Pararon a los referís de los dos penales escandalosos en la Primera Nacional

La AFA decidió apartar a los árbitros involucrados en los polémicos penales que generaron indignación en la Primera Nacional. Desde la hinchada de Chicago miramos con atención cómo se manejan estos errores que tanto pesan en la categoría.

Publicado el 12 de agosto de 2026, 00:05 hs

Tribuna de estadio con banderas y humo de bengalas

La AFA tomó una decisión que se esperaba pero que igual genera ruido: pararon a los referís que pitaron los dos penales más escandalosos del fin de semana en la Primera Nacional. El mensaje es claro, aunque llega tarde para los equipos que se sintieron perjudicados.

En Mataderos lo leemos con atención porque sabemos cómo duele un penal mal cobrado o uno que no se cobra cuando el partido está en juego. No es solo un error arbitral, es un golpe que puede cambiar la tabla, la moral del plantel y hasta la confianza de la hinchada que viene bancando fecha tras fecha.

Los dos casos que terminaron con los jueces fuera de la próxima jornada fueron tan groseros que hasta los propios dirigentes de la categoría pidieron explicaciones. Uno de ellos, un penal inventado que decidió un partido en los minutos finales; el otro, un claro agarrón dentro del área que el árbitro decidió ignorar. En ambos, la tecnología y las repeticiones dejaron en evidencia lo que la tribuna ya gritaba.

Desde la perspectiva torera, estos parates a los referís suenan a mínimo acto de justicia. Pero también nos dejan pensando: ¿cuántos partidos se definieron antes por fallos similares que no tuvieron tanta repercusión? La Primera Nacional es una categoría dura, con poco margen de error, donde cada punto vale oro y donde la cantera y el aguante muchas veces terminan siendo más importantes que la suerte con el VAR o los jueces.

Lo que más preocupa no es solo el error puntual, sino la sensación de que el control arbitral sigue siendo irregular. Hay partidos donde se percibe rigurosidad extrema y otros donde parece que todo vale. Eso genera ansiedad en las previas y desconfianza en la tribuna, algo que Nueva Chicago conoce muy bien después de tantas temporadas peleando en los ascensos y descensos.

La hinchada, como siempre, es la que termina poniendo el pecho. Mientras los referís se toman una fecha para “revisar conceptos”, los jugadores salen a la cancha con la presión extra de saber que un silbato mal usado puede arruinar el esfuerzo de toda la semana. Y los pibes de inferiores, que miran desde abajo, aprenden que además del talento hay que tener carácter para bancarse estas injusticias.

Ojalá este tipo de medidas sirvan para que los próximos fines de semana se vea un arbitraje más atento y menos protagonista. Porque el fútbol de la Nacional ya tiene suficiente con la paridad, la lucha por no descender y la pasión de las tribunas como para sumar además polémicas que opaquen lo que pasa adentro de la cancha.

En Chicago seguiremos yendo con la bandera del abuelo, cantando y bancando, como siempre. Pero no vamos a dejar de señalar cuando algo huele mal. La memoria del barrio es larga y la hinchada no olvida fácilmente. Que estos parates no queden solo en un gesto, sino que realmente ayuden a que el Torito y todos los equipos de la categoría puedan jugar en igualdad de condiciones.

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