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El recuerdo de aquel golpazo de Ferro ante Deportivo Morón en la Primera Nacional

Hace trece días, el Verde sufrió una dura derrota ante el Gallito en Mataderos que reavivó viejas rivalidades barriales y dejó al Torito con la necesidad de recomponer el rumbo en la temporada 2026.

Publicado el 8 de agosto de 2026, 04:50 hs

El 26 de julio pasado, en plena temporada de la Primera Nacional 2026, Ferro Carril Oeste visitó el estadio de Nueva Chicago y se llevó una victoria que dolió en Mataderos. El resultado, aunque no cambió la historia grande del club, volvió a poner sobre la mesa la rivalidad cultural que existe entre el equipo de Caballito y el Torito de la esquina de Jonte y Tellier.

Aquella tarde-noche de invierno, el Verde sufrió lo que muchos hinchas todavía llaman "el golpazo". Deportivo Morón, con un planteo ordenado y efectivo, aprovechó las imprecisiones locales y se llevó los tres puntos. Para Nueva Chicago, que venía de una racha irregular, el golpe fue doble: por la derrota en casa y por la forma en que se dio, con errores que se pagan caros en esta categoría.

El barrio de Mataderos, que siempre mira al fútbol como una extensión de su propia identidad, vivió el partido con la intensidad de siempre. Las tribunas verdes y negras se llenaron de expectativa, pero el desarrollo del juego no acompañó. Los de Morón, que históricamente han mantenido cruces intensos con varios equipos del ascenso, encontraron los caminos para lastimar y se fueron con la victoria bajo el brazo.

Desde la fundación del club en 1911 por aquellos inmigrantes y trabajadores de los frigoríficos, Nueva Chicago aprendió a levantarse después de cada caída. Aquel partido frente a Ferro no fue diferente. La memoria torera, alimentada por socios de toda la vida y por las charlas en los cafés de Liniers y de Mataderos, recuerda otros golpes parecidos: descensos dolorosos, ascensos heroicos y noches en las que el verde y negro parecía apagarse para siempre.

Sin embargo, lo que distingue al Torito es precisamente esa capacidad de reconstrucción. El estadio, patrimonio del barrio, volvió a ser el punto de encuentro días después del partido. Allí, entre mate y mate, los hinchas más antiguos repasaron jugadas, coincidieron en que faltó intensidad en el mediocampo y coincidieron también en que el equipo tiene con qué revertir la imagen.

El cruce con Ferro, más allá del resultado, remite a una rivalidad que excede lo deportivo. Ambos clubes representan dos caras de la historia obrera y ferroviaria de Buenos Aires. Mientras Chicago lleva en su ADN los corrales y el gaucho urbano de los mataderos, Ferro encarna el mundo del ferrocarril y de Caballito. Cuando se enfrentan, el partido siempre tiene un sabor distinto.

A trece días de aquella derrota, el plantel y el cuerpo técnico ya trabajan pensando en los próximos compromisos de la Primera Nacional. La hinchada, fiel a su estilo, no bajó los brazos. En Mataderos se sabe que la temporada es larga y que los golpes, por más duros que sean, sirven para endurecer la convicción.

Desde las inferiores hasta la primera, el club sigue apostando a la formación de jugadores que entiendan lo que significa defender estos colores. Varios pibes que hoy asoman en el plantel profesional ya saben lo que es sentir el peso de la camiseta en una tarde complicada como la del 26 de julio. Ese aprendizaje barrial es, quizás, lo más valioso que deja el golpe recibido.

La historia institucional de Nueva Chicago está hecha de estos altibajos. Ascensos y descensos se sucedieron a lo largo de décadas sin que la identidad del club se modificara. El verde y negro sigue siendo el mismo que lucían los pioneros que fundaron la institución a pulmón, lejos de cualquier escritorio ajeno al barrio.

Hoy, con el torneo avanzando, el desafío es dejar atrás el mal trago ante Morón y volver a sumar de a tres en casa. La memoria torera no olvida, pero tampoco se queda anclada en el pasado. En Mataderos, como siempre, se mira hacia adelante con la misma pasión de 1911.

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